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Un día con Adrián

De lunes a viernes, Adrián de Jesús Estrada, que nació en Medellín hace 48 años, alterna con precisión los seis cambios de su camión para recorrer el Valle de Aburrá y sus alrededores. La lluvia, el sol y el viento caen sobre el techo metálico de su vehículo, que contiene la carga que él mismo ha ayudado a envolver y cargar con mucho cuidado.

Se levanta cada día a las 4:45 a.m., aunque a Perceptual deba llegar a las 8:00 a.m. pues, además de madrugador, considera que hacer ejercicio es esencial para su vida y por eso camina al gimnasio y luego monta en bici para ir a trabajar.
Una vez llega, revisa con cuidado que todo esté preparado para que los muebles lleguen a su destino.

Pisa el clutch, inserta la llave y arranca a recorrer la ciudad, esa que conoce como a un amigo de toda la vida. En la parte trasera van los muebles, entre los cuales figura su favorita: la silla Irene. De ella dice que le parece práctica, fina, que va con todo y que además tiene un diseño impecable.

Su día es un constante ir y venir, cargar y descargar, que siempre disfruta a pesar del tráfico y pitidos. Al llegar a su casa siempre lo esperan sus hijos y esposa, pasa un buen rato con ellos y después sale a clases de baile cerca de su casa, porro y merengue. Al volver, lee algo antes de dormir y se prepara para un nuevo día a bordo de “Willy”, como es llamado el camión por todos en la empresa.